There Will Be Blood
Es cierto que las economías más fuertes del mundo se mantienen de dos negocios: la Guerra y la extracción del petróleo. Que pueden ser considerados como hermanos dentro de la historia moderna, porque la consecuencia de los últimos eventos bélicos no tienen mas excusa que la adquisición del sedimento formado en la corteza terrestre desde hace miles de años.
Seria torpe de mi parte hacer cuentas y poner fechas y nombres de los países más ricos de esa fuente orgánica, pero no me saldría del tema ya que la película que reseño hoy, nos acerca hacia muchos de los procesos o quizá el camino universal sobre como un país se apodera de lo que no le pertenece, visto a través de la historia de un personaje: Daniel Plainview.
Después de ver There will be blood hay una lista de contenidos de los que vale la pena hablar; desde quien es el director hasta el cinismo del guion. Como un comienzo, la película cuenta la vida de un hombre dedicado a la empresa de explotar el petróleo. Negocio que conoce y del que sabe que quien tenga control será dueño del mundo. Un hijo prodigo de una nación dedicada a cultivar héroes egocéntricos, megalómanos y de actitud dictadora.
Ambientada en el inicio del siglo XIX, durante la fiebre por el consumo y explotación del mineral que serviría para impulsar los medios de transportes. En un país que busca de cualquier manera monopolizar la industria del petróleo. Daniel Plainview es un hombre entregado a su trabajo de explotación y venta de petróleo, quien junto a su hijo y un grupo de trabajadores de confianza, inicia su propia empresa. Una noche es visitado por un joven granjero que le indica un yacimiento mucho más grande de lo que Plainview se imagina. Plainview y su hijo viajan al lugar y compran la tierra con el objetivo de maximizar su imperio.
En un filme que a medida que avanza nos demuestra el lado oscuro de los personajes que buscan poder a través del dinero, sus relaciones motivadas por la avaricia mas que por el afecto y una bibliografía ficticia sobre la construcción de un monopolio.
Película que no deja dudas de que Paul Thomas Anderson es un intelectual del cine norteamericano. Capaz de construir universos paralelos y dotado para hacer cine como pocos. Solo por citar un ejemplo: los planos panorámicos en There will be blood rivalizan con los de The Sacriface (Tarkovsky, 1986) y eso solamente como manejo de la cámara; la música, el guion, el arte, ustedes lo descubrirán.
