Bajofondo: Mi Iniciación Como Groupie

  • Pasar de espectador a ser protagonista, es una experiencia que no olvido; yo que me iba a imaginar que terminaría en un escenario brincado y mucho menos en los camerinos ovacionando a Messi. Un concierto como pocos, de energías desbordadas, de una pequeña pero potente tribu bailando inquieta ante el fuego de sonidos que Bajofondo hizo en su concierto para Costa Rica.

    El sudor me corría por todo lado, al lado izquierdo del escenario, adelante, me había ubicado para disfrutar de cerca el tango y la milonga, para escudriñar las venas de Martín Ferres que se hinchaban cada vez que cerraba su bandoneón, sentir las vibraciones de la ronca voz de Gustavo Santaolalla y observar con detalle el pulcro trabajo de Verónica Loza, entre un resto que en conjunto hacen maravillas.

    Imbuido en el concierto, fue cuestión de abrir y cerrar los ojos para sentir al gaffer bajar con súbita energía y arriar a un grupo de gente hasta mi dirección, donde quedé en medio con una emoción insensata. Dirigido por inercia hasta la entrada del escenario, caminaba en fila india junto con cerca de treinta personas que recibíamos ordenes de ¡con cuidado! ¡despacio!

    Como Ally McBeal recreo mi mundo. Por un momento temí ser como el conocido Freddy en el Festival Imperial. ¡No quiero aparecer en youtube me gritaba la conciencia! Pero luego de reírme y sentir inyecciones adrenalinicas de música, al lado de una hermosa señora de tal vez unos cuarenta y tantos años, de mi amiga la vecina, de Ignacio y su novia, me hinché de ganas, bailé, canté y viví como nunca Los Tangueros.

    Nos ubicaron en una zona que divide al escenario del público, donde nos quedamos hasta la última estrofa. Cuando me disponía a partir me preguntan que si quiero entrar al camerino. Hasta los dientes de lapiceros, hojas, discos y postales, el resto ya tenía la manera de recibir el autógrafo de los integrantes del grupo. Desamparado y sin preparación en tales lides, mi boleto de entrada es quien conserva las firmas de cinco de los ochos músicos.

    Esto de admirar, o lo que es lo mismo que ver, contemplar o considerar con estima o agrado especiales a alguien o algo que llaman la atención por sus cualidades, es más que gracioso. Pedirle una firma es iluso. ¿Para qué sirve un papel con firmas? También me tomé varias fotos, pero ya hago bastante con contar esto y en papel, ni me imagino publicadas tales imágenes.

    Si bien llamarme groupie sería extremo, porque serlo va mucho más allá del inocente autógrafo, algo así como las Apple Scruffs con los Beatles o Christine Boris con Led Zepelin, terminé sentado al lado de Santaolalla, Juan Campodónico y otros del staff viendo al “astro de oro en la tribuna y un corazón latiendo a mil. Un equipo equilibrado con mucho fútbol, magia, empuje, pierna fuerte y orden. Un sombrero de Di María y el Diego que celebra eufórico en las graderías. Gol del número 11 de Argentina, el arquero de Nigeria sufre mientras el pueblo albiceleste es uno solo unido en un abrazo”.

    Acabé con el título de “Sergio el Molesto”, en muy buen plan, y escuchando a los músicos montados en su transporte corear: ¡dale, dale, dale, Bajofoonnnnndoo!, ¡dale, dale, dale, Bajofoonnnnndoo!

    Sin duda, una noche para recordar.

Fotografìa: Cristian Cambronero
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