Brujirismos
Que tú me tienes
temblando de noche y de día,
tú me hiciste brujeríaFuera de la capital, crecieron mi madre y tíos al cuidado de mis abuelos. Además de los animales domésticos usuales, vivía con ellos la mascota más veterana de todas: una yegua vieja y retinta. La yegua mansa, cola hasta el piso y crin que cepillaban religiosamente a diario. Hasta aquí la historia no podría ser más normal pero cada mañana, cuando iban a buscar a la yegua al potrero, encontraban trenzas perfectamente hechas en su crin. Mientras mi abuelo justificaba el gran misterio achacándole las trenzas a obra del viento; mis tíos y mi mamá estaban seguros que era una bruja quien durante la noche trenzaba al animal, quizás por diversión, quizás para asustarlos.
Más allá de la prolífera imaginación infantil, a lo largo de la historia las brujas han estado siempre presentes en cuentos para niños y ¿porqué no? adultos. Una bruja es un ser maquiavélico, dispuesto a atormentar a cualquier víctima lo suficientemente merecedora de su enojo. Es la personificación del perfecto villano: malo, astuto, feo y además; mujer. Nariz larga con verruga, pelo largo desaliñado, un balandrán por vestido, un caldero, una escoba y un gato negro.
Según dicta el cuento, la bruja de Hansel y Grettel muere al ser empujada dentro de un horno. ¿Su delito? querer darle su merecido a un par de mocosos que sin invitación llegan a devorar su casa hecha de galletas y dulce. La bruja de Blancanieves: celosa y envidiosa; de acuerdo, pero ¿quién le acepta manzanas a una desconocida solo para no parecer descortés? Por otro lado, nunca un brujo fue considerado una amenaza; a ellos los llaman magos, por lo tanto son héroes y fuente de sabiduría respetable. Desde Merlin y Gandalf hasta Harry Potter y David Blaine, exitosos y guapos, con sendos clubes de fans y seguidores alrededor del mundo. Es posible que solo Chespirito lo viera por el lado amable y por eso su bruja del 71 provocara cualquier cosa menos miedo.
Si una mujer ya es vieja, pero sigue soltera y vive sola -ojalá con una docena de gatos- despierta de inmediato la intriga del vecindario. Aumente los chismes si de vez en cuando se le oye lanzar putazos, si practica la medicina macrobiótica o si quema (ehm) incienso. Si se carcajea como bruja (porque sí, las brujas tienen su risa característica) no cabe duda, es bruja. Si desinfla las bolas que los chiquillos del barrio lanzan a su jardín, es aún más bruja. Si no quiere donar dinero a la iglesia cuando pasan vendiendo postalitas de santos, es todavía más bruja. O si por el contrario, es despampanantemente atractiva, hace babear a toda la comunidad masculina con solo salir añeja a dejar las bolsas de basura en la mañana y ojalá el rumor le acredite cierta fama de libertina, ¡es brujísima!

A pesar de las definiciones tradicionales, el tiempo y la cultura popular se han encargado de modificar un poco la imagen de las brujas. Ahora ya no hace falta ser una solterona vieja y amargada para ser catalogada como una. Las hay adolescentes como Sabrina, problemáticas a lo Shannon Doherty y hasta glamorosas como Cher (no me digan que alguien que se ve así a esa edad no oculta algo). El cine, la televisión, la literatura… todo llegó a conspirar para cambiar no solamente la idea inicial, sino para crear nuevas tendencias y generaciones de villanos universalmente más macabros y tenebrosos. Alien vs Depredador, Freddy vs Jason, Bin Laden vs Bush, cada uno más cercano a la realidad.
Una bruja moderna no viaja en escoba, tal vez en moto esquivando presas en horas pico. El caldero y la bola de cristal son cosas del pasado, si de observar la vida del prójimo se trata para eso está Internet y las cientos de redes sociales. Una pócima mágica no sirve para pasar ese examen final de química, un forro con la tabla periódica sí (o en su defecto, aprendérsela). Una feminista no es bruja per se y viceversa. Un amarre no garantiza que un noviazgo perdure y termine en amoroso matrimonio. Es posible que la mascota siga siendo un gato negro, pero esta vez es un minino vacunado y debidamente registrado.
Aunque mis tíos y mi mamá nunca supieron con seguridad quién o qué trenzaba la crin de la yegua vieja, el recuerdo quedó en la memoria como un relato más. En la actualidad, no hay magia ni trucos que valgan, las apariencias engañan y así como cualquier verruga se cubre con maquillaje no siempre el más bonito es el más bueno. Aún así, no dejemos la precaución de lado, sabemos que algunas cosas nunca cambian; si una desconocida les quiere regalar una manzana o si de repente el espejo les contesta cuando se preguntan si se ven bien, tal vez no sea buena idea quedarse a ver qué pasa.


2008/09/25 | Galleto83