Entrevista con Jill Paer
Si de algo estábamos seguros, es que no tendríamos un solo segundo de silencio incómodo con nuestra invitada principal de esta edición. Los Paer, que se han caracterizado por ser bulliciosos, alegres y hasta un poco excéntricos, también arrastran una historia singular llena de detalles interesantes y simpáticos, además son un verdadero ejemplo de vida sana.
Jill Paer nos recibió amable y sonriente en su casa, nos regaló galletas de cacao con avena y naranja y nos dejó curiosear en su estudio. Ya acomodados en las sillas del programa de su papá ¡Y Diay!, con cámaras y preguntas, conocimos un poco más de esta pionera de la cocina saludable de nuestro país.
El inicio de su vida en Costa Rica
Nací en 1961, en el Bronx (Nueva York) ahí viví los primeros 4 años de mi vida. Mis padres eran de la farándula y debían viajar a muchos diferentes estados. Viví en Ohio, Cincinatti y luego en California. Mis padres se divorciaron cuando vivíamos en Ohio y mi papá se fue a California. Yo prefería vivir con mi padre, entonces lo adopté (risas). Mi papá era padre/madre para mí y para mi hermano y entonces le preocupaba mucho nuestra educación y desarrollo. Es que a pesar de que vivíamos en un lugar muy rural, existía un ambiente no muy sano y él quería un lugar mejor para nosotros. Luego de analizar posibles nuevos destinos, decidió venir a pasear a Costa Rica para conocer. Se quedó tres semanas y le gustó, pero no estaba muy convencido. Era un ambiente latino, algo completamente diferente a lo que ya conocíamos. Recuerdo que él me llamó y habló mucho de la Soda Tapia (risas), que aquí tenían papaya y bueno, yo soñaba con la papaya, ¡quería comerla! Porque allá no es buena como acá.
Estaba muy emocionada de venir a Costa Rica. Cuando llegamos no era precisamente como yo había imaginado, pero igual me gustó. Entré al Colegio La Salle y casi me da un infarto el primer día de clases, porque ví a todo mundo saludándose de beso, es que en Estados Unidos tienen costumbres humillantes para los de primer año. Otra cosa que me pasó, es que en Estados Unidos no hay piropos, entonces acá yo iba caminando por la calle y si alguien me hacía ‘psst psst’, yo me devolvía porque pensaba que era que me estaban llamando (risas). Después, que yo soy de carcajadas, y en ese entonces uno iba en el bus y todo era un silencio, yo me reía durísimo. ¡Si alguien iba conmigo no sabía ni donde meterse!
No sabía hablar español, pero aprendí. Una vez en la clase de Español en 4to año, estábamos leyendo el Poema del Mío Cid, y yo obviamente no entendía nada. Pero me senté con una muchacha que nos estaba colaborando como empleada en la casa y me explicó el libro y lo entendí yo creo que mejor que mis compañeros. Pasé el curso yo creo que con un 8, para sorpresa de mi profesor.
Bueno, yo soy Tinga (risas) porque tengo acento pero soy tica de corazón. Después de años de vivir aquí, me había enamorado tanto tanto de la vida latina, que aprendí a bailar. Me acuerdo de la primera vez que me sacaron a bailar, creo que sudé como tres litros, pero hasta el día de hoy, me fascina bailar.
Después del colegio fui a la Universidad de Costa Rica y a la Universidad Nacional, pasé las dos pruebas de admisión. Soy buena con el piano, entonces la idea era estudiar música en la Universidad de Costa Rica y estudiar Veterinaria en la Universidad Nacional. Entré a estudiar música, pero en realidad no me gustó, no era como que me apasionaba y no me gustó el ambiente, así que me quedé estudiando veterinaria.
Jill incursiona en el mundo de la cocina sana
En ese mismo año de la U, mi papá empezó a dar un curso de Psicología y Nutrición, en ese momento yo estaba experimentando con la cocina. Mi papá no hablaba tan bien español entonces me pidió que lo acompañara para ayudarle con las preguntas que le hacían las señoras. Un día para la parte de nutrición, les expliqué a las señoras como hacer confites sanos y les encantó. Mi papá entonces se ocupaba de la parte teórica y yo de la práctica, con recetas.
Me gustó tanto lo de cocinar y experimentar, que decidí dedicarme más a eso y dejar de lado la veterinaria. Aparte de que yo tenía la idea de que la veterinaria era cuidar gatos y perros, no irme al campo y meterle la mano a un toro, por ejemplo. Como que entonces se me quitaron las ganas (risas).
Los Paer en Televisión
Canal 13
Por casualidad, mi papá se metió a dar un programa en Canal 13 a favor de la persona. Tres veces al día, un comentario corto de uno o dos minutos dando orientación. Después de un tiempo, yo le dije a mi papá que me sentía lista para tener un programa de cocina. Entonces fui con él a Canal 13 y llevé un queque que había inventado, de fresas con lustre y que no engordaba. El director del Sinart, en ese momento tenía problemas de peso, el queque le fascinó y entonces me dió el espacio. Mi papá sugirió el nombre del programa ‘¡Qué Rico!’. Porque la gente en Costa Rica, usted les presenta algo, ni siquiera lo han probado y ya están diciendo ‘¡ay qué rico!’. Él también me dijo utilizara todos mis talentos en el programa. A mí me gustaba cantar y bailar, pero no veía cómo podía mezclar esas cosas con la cocina. Hasta que se me ocurrió modificar las canciones para que fueran sobre mi comida. A la gente le encantó y la verdad es que fue como un batazo. Me dijeron que fue como la primera vez que Canal 13 tuvo rating (risas). Yo me reía mucho y la televisión era muy conservadora, entonces a mucha gente no le gustaba verme, pero a otros sí. O me odiaban o me amaban.
Cuando ¡Qué Rico! empezó a tener fama, ya me querían eliminar de la programación. Alguien dijo que yo hablaba en contra del azúcar, que entonces El Gallito se quejó, y bueno, puras cosas así. El programa se hizo tan popular, que ya un canal gubernamental no podía sostener eso. Aparte de que Parmenio Medina nos invitó a su programa La Patada y descubrió muchas irregularidades que tenía el Sinart en ese momento. Como resultado de esto, a los Paer nos echaron de Canal 13.
Canal 19
Cuando entramos a Canal 19, ¡Qué Rico! pegó fuertísimo y nos dejaban programar a nuestro gusto. Habían altibajos en el Canal, pero estuvimos ahí como por 11 años. Al cabo de un tiempo, el canal sobrevivía casi solo con nuestro programa, pero ya no era sostenible transmitir con ellos en ese momento ya que las condiciones dejaron de ser apropiadas. El canal cerró y nosotros nos fuimos. Hicimos un especial navideño para Canal 6, tuvo mucho éxito pero en realidad no teníamos adonde ir
Canal 33
Nos fuimos a probar suerte al Canal 33, pero no empezamos de inmediato porque René Picado no terminaba de decidir si darnos espacio ahí. Entonces, para convencerlo, yo hice un queque, ¡como del tamaño de una mesa!, le escribí encima y todo preguntándole si nos daría la oportunidad. Se lo llevé a Teletica, y para no hacer más larga la historia, entré al 33 (risas). Ahí hemos estado ya por 11 años y seguimos. De todos los canales donde he estado, ha sido la mejor experiencia. No molestan, dan mucho apoyo (porque alguna gente me ha atacado) y ellos me han defendido y ni cuando un vecino me demandó dejaron de apoyarnos.
Jill es demandada: El caso de la cabra
Yo tenía gallinas, conejos, un gato, 13 perros y una cabra (risas). Un vecino me demandó (por la cabra) con todas las instituciones del país. Aquí venían a cada rato a tocarme la puerta porque él había dicho que teníamos un zoológico de animales ilegales, pero cuando yo dejaba entrar a los inspectores veían que eran animales domésticos. Me mandaron una orden para que quitara a todos los animales de mi propiedad, pero era ilógico que me pidieran eso y que al vecino no le dijeran que quitara al perro, por ejemplo. Finalmente llegó una demanda penal para mandarme a la cárcel, porque yo había rehusado retirar ni un solo animal. Era ilegal que me obligaran a eso. Con la demanda penal, mi papá decía, ‘no importa, grabamos el programa desde la cárcel’ (risas).
Cuando fui al juzgado, llegué sin abogado porque yo era inocente de cualquier cargo y me iba a defender sola. Me pusieron un asesor público, y fue un atraso todo. Revisaron el caso y vieron que era una causa absurda. Dentro de todo esto, mi vecino fue a decir todas las mentiras a Canal 7, y ahí yo exploté y hablé por televisión, 20 minutos… en contra de mi vecino. Mucha gente escribió apoyándome y todo. El vecino me acusó de difamación pero yo nunca mencioné nombres, yo solo dije que ‘tengo un vecino que está loco’ (risas). Al final los vecinos acá testificaron y dijeron que sí, que era el vecino que pasaba molestándome y que no era yo la que inició los conflictos. No pasó a más esa situación.
Estamos en el sexo ¡qué dicha!
El proyecto principal en este momento es el libro que escribió mi papá. Es una creación producto de 40 años en la psicología. Trato de promocionarlo (no solo acá en Costa Rica), pero también de transmitir el mensaje principal del libro, que es sobre lo que realmente significa tener éxito en la vida. El libro está en inglés y en español. Queríamos que fuera perfecto, ¡y según mi papá él iba a traducirlo todo!. Yo le dije a él que mejor buscáramos traductores para que fuera entendible. Duramos 3 años en sacarlo pero aquí está.
Invitados inolvidables
Gorgojo: Increíble. Participó con nosotros usando otra faceta de él. Había gente que lo detestaba y lo tachaba de vulgar, pero él es realmente talentoso, puede ser muy tierno. Lo poníamos a hacer dramatizaciones y hacía a la gente llorar, porque evocaba mucha emoción. Muy responsable y agradecido, hizo cosas aquí que lo mataban a uno de la risa. Aeróbicos (Aerobiquéricos), un Noticiero Natural donde salía enseñando la panza. El venía y ni cobraba.
Lalo Rojas: Trabajó con nosotros muchos años. Es el hombre más amargado de Costa Rica, pero es tan amargado que lo hace a uno reír. Es un gran actor. Excelente comediante, se llevaba bien con nosotros a pesar de que a veces me daban ganas de matarlo (risas).
La Selección: con Javier Cartín, hicimos videos musicales. Cantamos sobre ayotes (risas). Fue muy agradable trabajar con ellos.
Me cuesta un poco recordar mujeres. Como que los hombres eran más apuntados.
Hace poco yo estaba en la parada de Puntarenas y una muchacha se me acercó y me dijo ‘Jill Paer, yo la veo desde que era niña’; y eso me pasa muy a menudo, aunque yo no me siento tan vieja! (risas). Bueno, el programa tiene 22 años ya. Resulta que esa muchacha era la que hace de Paulina en La Pensión. Ella me dijo que le encantaba imitarme, entonces la invité al programa y va a venir. Solo una vez ví a alguien imitarme y lo que hacía era decir ‘Qué Ricou’ ¡y yo no hablo tan gringa! (risas). Pero es muy halagador que me imiten, a alguna gente no le gusta y lo ve como insulto, pero a mí sí me gusta.
Cuestionario
¿A quién le gustaría invitar y no ha tenido chance?
Para ¡Qué Rico! he invitado casi al 99% de la población (risas). Generalmente donde hay más dificultad con los invitados es en el programa de mi papá. Una vez invitamos a Rafael Angel Calderón porque habíamos hecho un especial sobre todos los expresidentes de Costa Rica, y ha sido el único expresidente que rehusaba venir. Por fin hablé con Doña Gloria y ella me dijo que él no quería ir a cocinar, yo le expliqué que la invitación no era para ¡Qué Rico! sino para ¡Y Diay!. Entonces al final sí vino.
¡Y Diay! es un programa para pensar y no a mucha gente le gusta por eso. Mi papá es muy estudioso y no entiendo porqué la gente se intimida cuando él intenta hacer conversación, pero es hablar de su corazón, cualquiera puede. No es como que tienen que saber muchas cosas.
¿Las canciones son escritas antes o improvisadas?
Yo agarro la canción y la hago de lo que sea que voy a hacer la receta. Soy buena en eso y no me cuesta mucho. Una vez agarré la canción ‘Somos novios’ y la convertí a ‘Zanahoria’. Esto ha sido como una satisfacción muy grande para mí, porque aparte de cantar las canciones más ricas, a la gente le gustan. Esta parte del programa me gusta casi más que cocinar (risas). Esa es otra de mis profesiones, cuando estaba chiquitilla yo quería ser estrella de cine, pero me hice estrella de cocina (risas) ¡algo es algo!
¿Participaría en Cantando por un Sueño?
Probablemente lo disfrutaría, pero no creo que me animaría.
[Jill participa junto a sus perros en labores de voluntariado llevándole un poco de alegría a niños con esclerosis múltiple.]
¿Ingredientes favoritos?
Afrecho
Ajo
Todo lo demás (risas). No tengo favoritos, porque todo juega un papel importante.
¿Plato que más le gusta?
Me gusta comer de todo, si es hecho por mí (risas). Nunca compro comida con sal, azúcar o grasa. Si salgo a comer a algún restaurante, llamo antes y aviso para que me tengan algo sin sal.
¿Algo que no comería aunque le pagaran?
Hay tanto (risas). Repostería, carne roja, cualquier cosa que tenga mucha sal, productos de leche tampoco, solo yogurt. Si es algo con preservantes o colorantes, tampoco.
¿Qué piensa de la dieta costarricense y cómo la mejoraría?
Un reto maravilloso y un sueño mío es tener a mi cargo una escuela. Un proyecto en una sola escuela donde los niños comerían solo comida de Jill (risas). Darle un año y ver cuántas ausencias hay, cómo están de salud, hacer como un estudio comparativo para ver la diferencia. O que me den un hospital, voy y curo a todos los pacientes (risas).
Si tuviera que cambiarle algo a la cultura tica, ¿qué sería?
Nada. Yo estoy muy agradecida con la verdadera cultura tica. Lo que yo vine a conocer acá me formó, me cambió la vida. Bailar, los piropos, andar en un país donde si usted a las 2 de la mañana se topaba a alguien era para ver si podía ayudarle, no para asaltarlo. Yo me enamoré de esa Costa Rica. La Costa Rica de ahora es lo que veíamos en Estados Unidos y la razón por la cual nos fuimos de ahí.
No me gustaría cambiarle nada a nadie, pero me gusta ser yo. Y si a usted le gusta o aprende algo de mí, pues fantástico.
¿Alguna vez ha ido a un turno?
Uhh. ¡He hecho turnos! (risas) he producido turnos, aquí en el parque.
¿Palmares y Zapote?
Claro. Corridas de toros y todo eso.
Si en un turno se estuviera muriendo de hambre, ¿qué comería?
Siempre se encuentra algo. No sé, alguna manzana o algo así. A veces he llevado mi comida. Hasta a los circos, es prohibido yo sé, pero entonces la llevo escondida (risas)
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¿Cómo se le ocurren las recetas?
Eso es mi don. Yo me siento y medito y se me vienen las ideas, tengo una gran facilidad para eso.
¿Alguna vez hizo alguna receta que no saliera como la pensó?
¡Sí! ¡Un queque de remolacha! Hasta escribí una canción al respecto. A mis perros sí les gustó el queque. Pero fue horrible.
¿Le gusta ir al karaoke?
Pues, sí. Un par de veces he ido, y es bonito.
¿Cómo se llaman sus 7 perros?
BlackyBlue, Kiki, Sorpresa, Thor, Bubu, Negrita y Fluffy. Mi cabra se llama Copo de Nieve.
¿Fortaleza y debilidad?
Fortaleza, es todo lo que la gente conoce de mí. Mi debilidad es que a veces creo en mis propios pensamientos malos, como autolástima o cosas así. Está bien sentirse así a veces, pero creer que es cierto, eso me pone insoportable.
¿En qué le gusta alcahuetearse más?
No soy así. Si me gusta hacer algo, yo lo hago. Me lo gano, lo logro, algo hago. Pero nunca he sentido como que me haga falta algo.
Lista de quehaceres –pendientes- en la vida
Promocionar el libro, porque he visto en pequeños casos lo que es capaz de lograr. No sé hasta donde se puede llegar con eso, pero por ahora es lo que más me emociona
¿Qué música escucha?
Me gusta mucha música. Música clásica, salsa, la música de mi adolescencia como el soul, Pointer Sisters o Michael Jackson, me gusta el jazz también.
¿Toma algún coctel?
Mi papá sí es más de eso, pero yo casi nunca tomo licor. El vino blanco sí me gusta más.






2008/08/06 | ventolin