¡Sia Lolo… qué sabor!

  • Ahí llevo solo a gente especial” fueron las palabras con la que me generaste la expectativa del lugar.

    Nos subimos al carro y tomamos rumbo. Llegando a Barrio Escalante y doblando a la derecha como quien va a salir a Los Yoses, nos acercábamos a Olio. Obvio que pensé “puta…, ajá sí, qué lugar mas especial, :roll: ” pero seguimos unos metros más y doblamos a la izquierda, nos metimos en una calle aparentemente sin salida, hasta pegar con la línea del tren. Mi confusión no era para menos, yo pensaba, “o esta amiga esta loca o el chante es un vagón abandonado o algo”. Doblamos a la derecha como siguiendo la línea hasta que parqueaste y apagaste. Yo hasta ahí seguía bateadísimo. Caminamos uno o dos metros y me dijiste “Es ahí” señalando un montón de matas como enredaderas que salían como de una especia de balconcito, donde nos recibió el guachi y un perrito boxer de aspecto inofensivo.

    El guachi nos abrió amablemente y entramos. Debo decir que el lugar me fascinó con la primera impresión. Pequeño, acogedor, un aspecto entre rústico y campestre pero con ese feeling y ese mood que le daban las notas de jazz que salían del equipo (más tarde notaríamos que para el oído la oferta también era buena, desde Zeppelín hasta los beats del electro tango, dependiendo del mood del anfitrión o de lo que los comensales le pidieran escuchar), mismas notas que parecía que hacían bailar los platos que colgaban de las paredes a manera de decoración y movían las sombras que producían las candelitas en las mesas.

    Por suerte para nosotros no había mucha gente. Quién nos atendió dijo ser el dueño del lugar (no sabía que ya te conocía bastante bien en ese momento, ahora es a mí al que saluda) y su nombre, Lolo, así a secas. Nos ofreció de tomar y pedimos vino, como debe de ser (prometo no mencionar el episodio con el vino Don Francisco, si hay algo peor que Sábado Gigante, es un vino con su cara) y de comer, por supuesto, pizza inolvidablemente deliciosa. Juro que jamás voy a olvidar el sabor de la pizza de anchoas, jamás. Está entre mi lista de cosas comer por lo menos una vez al mes.

  • Admito que ese primer día en la pizzería fue estupendo, la comida, la bebida, la conversación, hasta ir al baño fue una experiencia agradable.

    • Lolo´s vinería-café-pizza
    • Especialidad en pizza. También sirven pastas a la hora de almuerzo.
    • Además de vino, también venden cerveza y otros licores.
    • El horario es de L a V de 11:00 a.m. a 4:00 p.m. y de 6:00 p.m. a 12 m.n. Sábado solo se abre en la noche.

    Cuando llegó el momento de irnos, mi sorpresa fue mayor, no podía creer lo barato que nos salió comernos una pizza de anchoas y 4 copas de vino. ¡Increíble!. No podía ser mejor, lo único gacho fue que tuviste que pagar vos porque yo no andaba efectivo, pero de eso ya no tenemos que preocuparnos pues Lolo decidió modernizarse y poner un aparatito para pegar el tarjetazo.

    Ambos sabemos que si bien es cierto el lugar a cambiado desde la primera vez que fuimos, el piso es diferente, ahora llega más gente, aunque a nosotros nos gusta más ir entre semana, por la misma razón. Algunos platillos se fueron (como los platillos turcos aquellos moldeados a mano) pero siguen ahí unos muy tuanis.

    Gracias amiga por compartir conmigo un chante tan tuanis, y perdoná que haya traicionado la especie de confidencialidad con que me lo diste a conocer, pero de por si lo bueno hay que compartirlo… y esa pizza de anchoas… ¡Sia Lolo! :P

Fotografia: Laura Alpizar
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