Matahambres para Noche Vil
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Hace 3 semanas que usted no va en forma al súper mercado: entrar a la oficina a las 7 am y salir a las 10 pm ya le tiene la cabeza abotagada, y en lo menos que se piensa en es que no hay papel higiénico en la casa, ¿verdad?
A través de los días de dieta desbalanceada, las sobras se han ido acumulando en los estantes de la nevera y algunos ecosistemas del reino fungi empiezan a aposentarse con toda confianza encima de los arroces añejos y demás cosas innombrables.
Hoy es viernes, y usted por fin va para la casa feliz de la vida, después de escaparse irresponsablemente de la oficina, a las 7 de la noche.
En un arrebato de incontrolable alegría infantil, usted se abalanza al primer taxi que pasa y le pide que lo lleve directamente a Moravia, aptos yarayara, costado Norte de la Iglesia. Y llega: llega, entra, tira el salveque, se saca los tenis, enciende la tele, se quita el brassier –o se rasca las bolas, depende- abre la refri y... NO HAY NADA!!!!
- “Imbécil”, piensa usted.
- “Bzzzzzz”, responde la nevera abierta.
Y de repente, como si el mismísimo diablo se le hubiera metido, usted se da cuenta de que tiene un hambre atroz.
- “Me lleva el diablo”, dice usted.
- “Imbécil”, responde la nevera abierta.
En fin, no queda más que llamar a la pizza. Porque una vez que uno entra a la casa, se saca los tenis y se quita el brassier –o se rasca las bolas, depende- todo apunta a que ni una barra libre gratis lo va a sacar de la casa.
Llamar a la pizza. Práctica corriente, que uno realiza, previsoramente, una media hora antes de que el hambre ataque. Porque todo el mundo sabe que esa media hora entre la llamada y el pito en el portón es media hora guanacasteca si hay que sufrirla con la panza vacía.
Uno va a la refri, vuelve a abrir la puerta y se decide a explorar, porque en la adversidad siempre aparece alguna buena idea... Y aquí vamos:
Para este momento, sus riquezas comibles deben estarse reduciendo a:
- 1 lonja de queso
- 1 pedazo de pollo asado del #11 que le sobró en la cena de ante noche.
- pan –lo único que ha comprado concienzudamente para tener algo qué desayunar-.
- mermelada –lo único que concienzudamente ha comprado para untarle al pan-.
y... bueno, ¿quién necesita más que eso para matar el hambre?
¿Qué dónde se ha visto ponerle mermelada a un sándwich de pollo? Allá usted, si se quiere comer un pedazo de pollo viejo, con una lonja de queso tiesa y dos pedazos de pan, pues adelante... Pero si quiere deleitarse con un manjar de alto nivel, orgía de sabores, y convencerse de que eso es lo que llevará a la próxima fiesta de traje para quedar como la/ él más-más... atrévase. Le prometemos que no va a sentir la media hora que tarde en llegar su pizza. Es más: cuando llegue su pizza, puede que usted ya NO tenga hambre.
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Proceda a hacerle una incisión central al pan

En una tapa coloque varias dosis de queso, en la otra el pollo desmenuzado
Prepare la cámara de horneo a unos 200 grados
Embarre el sujeto horneado con mermelada
Parta, reparta y comparta



2008/05/07 | TuMadre